sábado, 29 de agosto de 2015

El emplazado


Buscan acometer contra la mole
de mi feudo muy bien amurallado.
Las ansias del pillaje y la piel tersa
de nuestra reina tientan sus deseos.

Así mismo, vencer la testaruda
negación a los ímpetus tiranos,
pues odian que los simios, en las ramas,
contra el león regente satiricen.  

Pero en vano me advertirán, diciéndome:
“he aquí el hombre que vino a desplazarte”,
señalándome un pobre desdichado
a quien acucian hambre y mil demonios.

Les digo a los que buscan intimarme:
“el hombre que trajeron soy yo mismo,
que vino aquella vez, cuando creyó
que era, del que fue, su reemplazante”.


Por qué no me abandonaste aquella noche


Discutimos.
Te lancé insultos que rompen tolerancias.
Dejaste de mirarme.
Abriste la puerta para abandonarme.
Te detuvo la duda.
Te volteaste mirándome de frente. . .
y lentamente regresaste a mí.

¿Por qué no me abandonaste aquella noche?
¿Tuviste lástima de mí?
¿O acaso fue la noche, imponente, estrellada,
vaciándose en mis ojos?


Recuerdo póstumo


                                        
Vas andando los días y descubres
ciertas flores ausentes del sendero,
recuperas el agua acumulada
recordando la sed que has compartido.