miércoles, 12 de agosto de 2015

Aprendizaje del grito





Cae una lluvia eterna en el crepúsculo,
crepitante desde el ayer,
y baña los desvelos de mi espíritu.

Los antiguos deseos, las amargas
esperanzas cesantes, mis sombrías
turbaciones en los espejos.

Las penas del amor remotas
hieren el pecho de esta noche yerta,
y lloran por sus luces miserables.

Ahora que el dolor ha madurado
y hace punzar el alma sin abrirla,
debo aprender los gritos en silencio.



Romance de las noches inquietas





Acuden los susurros 
de las noches caladas.

Acaso la nada


Acaso en el inicio de tu meta
tus ímpetus le dieron al destino
un rumbo cierto, un lúcido camino,
que conduce al laurel del buen poeta.

Acaso en el afán de hallar el canto
que registre los sones de tu vida,
notaras que, además de la partida,
es la quimérica canción tu espanto.

Presumes en tu nítida conciencia
que has hecho lo debido, lo correcto,
y maldices la infamia del trayecto,
pues la gloria alejó de tu existencia.

Noche tras noche, sobre tu almohada,
sueñas la luz hundiéndose en la nada.