lunes, 3 de agosto de 2015

Poema para los que desean entender algo de poesía



Lo principal es saber que la poesía sirve para mucho
y que generalmente no sirve para nada.

Que la poesía es valiosa todos lo aceptamos,
y que su valor es absolutamente innecesario, también,
y entendemos perfectamente bien
que no hace falta entenderla perfectamente bien.

Entender que no hace falta entenderla.
Entender que el camino de la lógica
tampoco es propicio para entenderla;
aunque, sensitivamente, puede ser
demasiado tarde para entenderla.

Es sustancial entender que somos nosotros
los culpables de no entenderla,
aunque no es culpa nuestra que cueste tanto entenderla.
Pero somos culpables por ese mismo hecho
y somos culpables de sentirnos culpables.

Quizá no vendría mal concentrarnos un poco.
Quizá no vendría mal obstinarnos un poco;
o que, a fin de cuentas, nos dejemos llevar
por la vaga ilusión de entenderla.

Pero a nadie podemos ayudar a entenderla,
porque nadie verdaderamente puede ayudarnos
a nosotros a entenderla.

Aunque seamos inteligentes y astutos,
aunque estudiemos este problema muy cuidadosamente
y consumamos litros y litros de cafés sin azúcar,
o alcohol, o drogas, no la entenderemos,
porque nos volvimos enemigos de la abstracción y el sobrecogimiento,
y porque los versos han bajado significativamente de precio,
y nuestros corazones se están metiendo en un tremendo lío,
y nuestros sentimientos ya no sirven sino para llorar el pasado,
y la búsqueda de la verdad y la belleza ya no es necesaria
para sobrevivir, porque hoy en día se vive con muy poca cosa.

Si algo hemos aprendido aquí para entender la poesía,
digamos, simplemente, que más o menos algo la entendemos.