miércoles, 2 de diciembre de 2015

Recordándote en el patio de naranjos




A veces oigo tu voz y tu risa en el patio de naranjos
y percibo tu amor de hermano con su corazón solitario,
inmerso en la travesura de los días;
y un mundo encantado se abre en mi memoria,
y se despiertan duendes infantiles
que retozan a la sombra de los árboles;
y al ver que vas y vuelves intermitentemente
-fantasma en la realidad de la tarde-,
una tristeza inmensa se apodera del silencio.

Patio donde ya no acecha la muerte,
que se disipa lentamente
en la negrura de la noche de los tiempos;
y con sus árboles, sus muros, sus rincones
y el perro que te muerde con cariño,
regresa al viejo precipicio del recuerdo,
a su deshabitada eternidad.


No hay comentarios: