miércoles, 9 de diciembre de 2015

Profecía: año 4.000 DC




Jamás pueden faltar los cósmicos lugares
para saciar la sed de destrucción del hombre.

Planetas solitarios, asteroides remotos,
duros, inatmosféricos
como el mezquino corazón del hombre;
astros vertiginosos, fulgurantes;
lugares en galaxias invisibles,
lugares para las conflagraciones
jamás en la existencia faltarán.

¡Ah, qué azul amplitud del universo
para naves guerreras tan escasas.
Qué campos tan extensos
para los versos refulgentes
de épicos poetas!

En el planeta equis equis uno
de la galaxia cuatrocientos uno
se debate una guerra encarnizada
por el amplio dominio de extensos territorios,
mientras resisten en la madre tierra
viejos llantos, penosas agonías
y tristes corazones,
sobre las muertas hierbas.

Y el guerrero de aquí
ya no será el hermano
de aquel hombre de allá,
porque miríadas de regias estrellas,
con luces esplendentes,
las huellas de viajeros sin retorno
que cruzaron la línea por siempre,
por siempre borrarán.

Y los hombres de aquí
y los hombres de allá,
cada cual con sus renovadas armas,
en orgías de sangre
sus bélicos instintos saciarán.

¡Ah, qué vasto es el mar
para aquellas escasas y frágiles piraguas!

¡Qué insignes guerras esperan aún
al indestructible destino humano!



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