martes, 8 de diciembre de 2015

La casa de la infancia





Todos se han ido.
El patio está deshabitado,
la casa está desatendida,
con telarañas,
no hay nada que se pueda hacer.

A través de las puertas entreabiertas,
de las ventanas desclavadas
y de las tejas rotas,
la brisa de la eternidad
se ha llevado las risas últimas.
Y sigue llevándose todo.

Muy pocas voces quedan ya.
No hay allí posibilidad de charla,
de contar las anécdotas, las chanzas.
No hay nada que se pueda hacer.
Nada que se pueda hacer al respecto.

¿Por qué entonces deambulo sin sentido
por sus rincones, enramadas, corredores,
si todos han partido,
si todo está sin gato, sin luz, sin mandarina,
y no hay ya nada que se pueda hacer ahí?


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