lunes, 7 de diciembre de 2015

Sepulcro en la memoria




1
La entrada

Bien, razonemos:
no es posible encontrarme aquí
—aunque hice todo para merecerlo—.

Quizás pueda culpar a aquella bocacalle,
a la muchacha hermosa por quien perdí concentración.
¿Qué me hizo doblar a la derecha:
la flecha inoportuna del semáforo
o la necesidad atávica de padecer?

Lo cierto es que estoy cruzando el muro
al compás de amenazas y gruñidos;
pero debo vivir, alimentarme, tener
el cuerpo en condiciones para el día
de la liberación.

Ya dueño del camastro, lavaré
mis ropas sin indignación,
soportando las moscas
sobre mis labios de la siesta,
bajo la lluvia con olor a cucarachas.

Estoy en el sepulcro, durmiendo con cadáveres,
sin aire para el gusto refinado,
para la evocación.

Cualquier duda sobre la especie de ave
que está cantando, se disipará.
No así el olor de la humedad.

2
Los hallazgos

Dejemos de pensar,
nada de silogismos.
Esta no es, precisamente, cueva de bandidos;
todos practican su real canción.
Cantan todo el día.
Pero yo me digo: los esclavos también cantaban,
y los conspiradores de las catacumbas
también cantaban, en susurros, claro está,
pero con más valía para el dios.

Todos cantan, mas yo no puedo,
no debo cantar. Sucede que no tengo canto.
La canción de la lluvia se ha quedado prendida
al pecho de mi madre, y hoy duerme el sueño
de su niño perdido.
Las mariposas se revelaron gusanos,
y mi boca está cosida con hilos
del que tiene muy poco que decir.
Quizás sólo lamentos, vergonzosos lamentos.

Después de todo, ¿llorar por quién? ¿Por mí mismo?
¿Llorar en el sepulcro por mí mismo,
por toda mi eternidad, por toda mi muerte?
¡No flaquees, por Dios! ¡Anda, vamos,
sal a conocer a tus vampiros!

En la noche serena,
cuando el cielo está abierto a los hombres
y ofrece todo su esplendor, descubro
una garrapata en el borde de mi cama.
¡No, imbécil. No es una garrapata, es una chinche
que te puede traer el paludismo que te llevará
a la otra dimensión, a la muerte real-final-fatal
por siempre jamás sin posibilidades de recuerdos.


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