lunes, 7 de diciembre de 2015

El presidiario




Abriendo la ventana el amarillo
vence el coraje, grita contra el muro,
y oxidadas reprimen las cadenas
míseras horas del hostil insomnio.

Mirando la mañana escruta olvidos,
paciente espíritu de viejo eunuco,
hambre de pájaro en la brisa huera,
prendido del barrote —triste mono.

Quimera reiterada, la memoria
reconstruye la imagen de unos senos
y caricias al sol del hombre libre.

Fundan en la rutina su modorra
los ojos, arrancándole a los cielos
limbos de libertad y nubes grises.


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