viernes, 6 de noviembre de 2015

Yéndonos




Adentrándose en la marea del gentío,
con su figura trasmitiendo
la tristeza del que renuncia;
y yo, parado en medio de la calle,
frente a una luna pálida,
la dejé ir, irremediablemente,  
mortificado por la realidad.

Un transeúnte, deteniéndose,
pareció reprender con su mirada
mi falsa frialdad.
¿Y qué harías tú, pobre diablo,
viéndola caminar y caminar
sin voltearse nunca,
como si el recuerdo yaciera consumido?

Se fue,
y seguirá yéndose todo el tiempo,
hasta que deje de mirarla
como un presagio detestable,
como una fruta cara de pasión.

Se fue;
y yo, parado ahí, también 
me estoy yendo, con amargura,
de los secretos trascendentes de mi vida
que va llevando ella.

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