viernes, 13 de noviembre de 2015

Vislumbrando la danza de la mano




¿Será posible que la mano olvide de repente
sus huesos y su carne,
como si de las últimas páginas del invierno
lograra el cierre del poema sin sangrar?

-¡No es tan fácil!- una y otra vez gritan
los poetas que surcan, entre esquivas metáforas,
el desnudo del mar.

Todos se hicieron la pregunta,
antes de que le nacieran las alas
al pájaro que vuela hacia el olvido.

Algunos gastaron sus horas
en las norias de la rutina,
cincelando dioses en el mármol del hastío,
cojos por fisuras antiguas y rebeldes.

Los otros insistían con enorme entusiasmo
vertiendo en odres rancios sus angustias,
pero sabían que el problema nunca fue
la traza, sino el vino que añejó la evocación.

¿Será posible que el viejo tonel se encuentre listo
para escanciar las copas resecas de la paz?
Hoy siento que reflota en la memoria
su esencia distintiva.



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