sábado, 21 de noviembre de 2015

Vida inmóvil




Las manos invisibles
abren los surcos en la fértil tierra.
Arrojadas las semillas,
la memoria aprisionada
despierta en acto germinal,
y un nuevo ser fecundado
prosigue la infinita evolución.

El impulso del brote sepultado es la luz.
Reclama aire, sol, rocío, pájaros,
en el bullicio de la vida.

Se enclava en su punto casual.
La complicada ley de los destinos
le concedió ese ámbito.
Imitará la vida de su especie
buscando nutrición, belleza, desarrollo,
y manos invisibles.

Y encontrará su espíritu.
Y dejará escapar con timidez 
en los inviernos duros,
su dolor de follaje con el viento.


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