jueves, 5 de noviembre de 2015

Tras el amor perdido





Tristes palomas vuelan en tu mente
cuando vienes con tu mirada
derritiendo la luz del día.
¿Cuáles razones te provocan esas ganas
de destruir el pequeño limbo
que a duras penas creamos anoche?
¿Tendremos que empezar de cero
a fabricarnos nuevas gentilezas,
hasta enterrar en otro ayer
esta injusta manera de apegarnos?
¿Acaso crees que me estoy
inventando alas a escondidas?
¿O el dolor que me producen las riñas
te las esté mostrando con su máscara,
y yo riéndome detrás de su tristeza?

No, no quiero ya seguir martirizando
a las mascotas que nos aman.
Hagamos de esta casa
el lugar de las palomas traviesas,
la posta de los pájaros sedientos;
hagamos correcciones rápidas
en los rumbos del vuelo,
y reencontrémonos
en las migraciones vitales.
Recuperemos nuestras risas
en el nido de los acantilados.
¿Por qué perder el cielo convivido
si se halla a nuestro alcance todavía?



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