jueves, 5 de noviembre de 2015

Soneto a mi padre ausente




En soledad profunda estás durmiendo,
de estas horas por siempre despedido.
Ante la estrella fuiste el elegido
y nunca te veremos ya sonriendo.

Luchando largos meses y eludiendo
la realidad de verte malherido,
callabas de tu gente el bien perdido,
la presunción de que te estabas yendo.

Con dolor sorteamos tu agonía;
y en medio de genético calvario,
se extinguieron tus fuerzas aquel día.

Tus zapatos, tus gafas y la cama
ya sin dueño, rescatan el santuario
donde suplica el corazón que te ama.


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