miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sólo la pena del adiós





Con nula perspectiva, sin premura,
sumergido en la noche disonante,
porfiada voluntad y voz errante,
vienes surcando en vieja singladura.

Mientras el viento embute su carcoma
a la deriva de tu dura suerte,
persigues la isla donde, eterna, vierte
la ardiente flor su inextinguible aroma.

Tu convicción se nutre del mañana,
polvo desperdigado del ensueño,
en la cubierta ruda del empeño,
en el oscuro mar de la almohada.

Y en la angustia insurgente, día a día,
donde acosa el adiós al alma mía.


No hay comentarios: