jueves, 19 de noviembre de 2015

Dar la espalda




No ambiciono charlar
con el hombre que estoy muriendo.
Bañan sus gemebundas lágrimas
mis más impermeables expresiones.

Buscando destruir la soledad profunda
en la que se debate el digno moribundo,
me acometen, humanitariamente,
ganas de acompañarlo.

Ya no quiero cargar sobre mis hombros
la obligación de oír
los difusos monólogos
sobre la brevedad de nuestra vida.

¡Ah, qué raudos pasaron
los últimos cuarenta y cinco abriles!
¡Cómo pasan los años, cómo pasan!
¡Si hasta hemos perdido la edad de las pirámides!

Es duro para mí aceptar
que día a día lo estoy destierrando.



No hay comentarios: