martes, 3 de noviembre de 2015

Mi niña



                                                                                         A mi hija Laura

Amaneció, mi niña,
en mi prolongado tiempo nocturno,
atravesando inviernos y orfandad.

Los lánguidos capullos,
rendidos en las ramas,
despidiendo perfumes vacilantes
en la lenta congoja,
al contemplarse en el espejo
de la borrosa luna que moría,
despertaron sus pálidas bellezas;
y temblando en el lúbrico rocío,
húmedas de dicha,
ofrecen de nuevo
antiguas fragancias.

Veo irrumpir la luz con su pureza
sobre la piedra de mi corazón.
¡Amaneciste mi tiempo, mi niña!



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