lunes, 23 de noviembre de 2015

La regresión




En verdad, no te fuiste;
más bien, no pude retenerte.
Como un buque fantasma te alejaste,
y yo amarrado al muelle te miraba.

Si no pude impedirlo —aferrado al orgullo—,
quisiera recobrar ese momento y, sin perder
la nueva circunstancia, esta vez sujetarme a ti
como un simio a su árbol.

Si en esta regresión te niegas a quedarte,
te pido que te quedes sin quererlo,
permite que el recuerdo te navegue;
solo quédate bajo el cálido temblor
de mis manos: yo mismo, como a un jardín reseco,
te repondré las flores del deseo.

No te pido aquel retorno imposible,
sólo éste al que estoy imaginando;
al otro, dejémoslo perderse para siempre
en una rápida honra al olvido.


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