lunes, 2 de noviembre de 2015

Hoy vives con tu ayer




Hoy vives con tu rostro cincelado
por las lluvias del tiempo
-y la caligrafía incierta de tu nombre-,
donde está reflejado
el mundo enaltecido por los actos nobles,
donde grabó su esencia el canto de los pájaros,
y esculpió la sonrisa la quietud de los árboles,
de la rosa abriéndose suplicante
a la luz sagrada del día.

Hoy vives con tus mejores anécdotas,
con las epopeyas de la alegría,
donde ves abrirse las vigorosas
ventanas de las antiguas vivencias,
de las imágenes amadas,
cuyos regocijos se llenan
de punzantes presentimientos,
como si la fugacidad hubiera
cerrado ya sus puertas
y sólo escucháramos el sonido
de un patio despoblado.

Hoy vives como un guerrero sin armaduras,
lejos de su princesa, de la mirada ansiosa,
cerca de la copa vacía, del demonio
que sedujo la soledad.

Hoy vives como un invitado torpe
que bebe sin parar, que luego
vierte el vino sobre la hipocresía
de su anfitrión, y debe prepararse
su propio
café de la resaca.


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