miércoles, 25 de noviembre de 2015

Flores marchitas




Flores mustias, ajadas, casi muertas,
agonías hirientes, desconsuelos
anhelando escapar del infortunio
que depara la muerte. Tristes rosas.

Extenuados los pétalos, rendidos
para siempre los lúbricos matices,
se llevaron —¿adónde?— la belleza;
¿la belleza? —ay, qué crueldad—, ¡sus vidas!

El rocío de las húmedas auroras
es culpable de tal desasosiego,
pues a expensas, el brillo revelaron
y creyeron que en luces morirían.

Ávido el infinito —imperturbable—
se apropia de las pátinas postreras,
para dejar a las marchitas flores
sin lágrimas, sin tiempo y sin rocío.


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