miércoles, 11 de noviembre de 2015

El peso de la realidad




Desplegando las alas con rumbo inalterable,
volar como las aves en migración
al reencuentro de las salinas playas,
hacia el éxtasis húmedo del apareo.

Súbitamente dueños de fuerzas colosales,
arrancar los barrotes de nuestras celdas
como ciego soldado en la batalla;
despedazando todo cuanto pretenda
parar nuestra salida:
murallas y cadenas, hombres y miedo.

Con los torsos desnudos salir gritando:
¡ha llegado el momento!
¡Ha llegado el momento!
¡Somos libres por fin de las cadenas!

Sin embargo, el silencio, los párpados rendidos
y la angustia acercándose a la aurora,
nos devuelven
la rancia realidad del cautiverio.

 

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