miércoles, 11 de noviembre de 2015

El demonio de Sócrates


                                 “Sócrates es culpable, porque corrompe a los jóvenes, porque no cree en los dioses del Estado, 
                                                 y porque, en lugar de éstos, pone divinidades nuevas bajo el nombre de demonios”. Melito.


Es de las penas mi penar más fuerte,
porque la suya, que también aterra,
se aliviará muy pronto con la muerte,
y yo persistiré sobre la tierra
huyendo abandonado de mi suerte:
vivir sin amo, como triste perra,
penando en inhumanos vertederos
por los perennes siglos venideros.

Descansa de tu ojo de vidrio, ¡viejo
macho cabrío!, mi lealtad ferviente
descubrió las intrigas, el festejo
por tu condena dura e inminente.
Buscan vengar aquel impío espejo:
la ostentación de tu lasciva mente,
porque Atenas no admite el arte romo
de acorralar al cándido palomo.

Ni Júpiter Tronante logrará
torcer el cauce ruin de tu destino;
tampoco la mandrágora podrá
aliviar el albur; ni el mejor vino.
Y tu despojo, cruel el tedio hará
si evades de los dioses el camino,
porque aún en Egipto y más en Roma,
se confunde con crimen cualquier broma.

Tampoco retractarte serviría,
pues la gente sencilla se impacienta
con los hombres que sufren brujería:
cualquier enfermedad larga y cruenta
y, más aún, si en la melancolía
es arrojada la orgullosa afrenta.
Mira el pueblo como a la bestia inerte:
sin compasión alguna por la muerte.

Aquí estoy, de los limbos fastidiado,
bastarda por milenios mi existencia,
para esperar al otro iluminado
quien al mundo dará su gran sapiencia,
y me tenga, tal vez, calificado,
como tutor oculto de su ciencia.
Porque me debe Sócrates su nombre,
su gran filosofía y su renombre.


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