sábado, 28 de noviembre de 2015

El bailarín de los callados




Sobre servidas aguas repelentes,
se elevan ágiles los pies alados.
Bajo el sueño apacible de las gentes
practica la pasión de los callados.


Un perro con su cólera ladrando
intenta furibundas dentelladas;
preciso en el esquive, va burlando
las malas intenciones desatadas.

Como peces jugando con las olas
surca el aire con mítica pirueta,
donde trazan sus miembros mil cabriolas,
exactos en el éxtasis esteta.

Sigiloso demonio trasnochado
de acuciante y mohosa soledad,
esquivando algún coche desbocado
regala su viril vitalidad.

Producto callejero renacido
sobre el oscuro asfalto, bien parado,
derrama la emoción del investido
y un músculo fibroso trabajado.

Se divierte con fintas de torero.
Da brincos y camina con la mano.
El ritmo de su cuerpo tesonero
inflama su pasión, su amor humano.

Detrás del denso humo sulfuroso
el alba se retrasa en el cemento,
y al fin de su ejercicio majestuoso
se aleja con su pírrico talento.

¡Ah, bailarín, que danzas al hastío,
son tu cuerpo, tu corazón, tus manos,
alquimia de emociones como el mío:
vigilia y paroxismo siempre vanos!



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