lunes, 9 de noviembre de 2015

El árbol en que me amas





Cómo cuesta sangrar en esta noche
apuñalada fría por el tiempo,
no vivirme la muerte, no morirme
en las húmedas tierras de este instante.

Cómo cuesta rehacer en la memoria
tu rostro venturoso y mi alegría,
mi triste ensoñación de la tristeza
caminado los surcos del presente.

Tantos años volver a tu extravío
de pájaros nocturnos, de murciélagos,
tanta vida y en qué silencio escondes
las últimas codicias de mi carne.

Sería memorable en este día
intacto del conjuro, cuando es fuerte
todavía aquel árbol en que me amas,
que sea yo su tronco, ramas, frutos.


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