viernes, 6 de noviembre de 2015

Echa tus raíces en la tierra




¿Serán interminables los golpes del vacío,
y así, punzantes, las secuelas
de los choques internos que traman el acaso?

¿O vivirás pensando en la tétrica imagen
de los muertos decapitados
en el fondo del lago de cristalinas aguas?

Angustia y laxitud, cual bíblica serpiente,
Libidinosas e incansables,
se enroscan a tu cuello de roída existencia.

¿Provocarás dolores, martirios a tus músculos,
introspectivas resonancias
que en vano tratarán de repeler tu hastío?

Busca y halla en las noches las causas del eclipse:
el misterio del infortunio
que arrojó sobre ti la manta de la sombra.

Verás a cada tanto claridades utópicas
que, tras encender tu esperanza,
se alejarán veloces cual fugaces luceros.

Mísero, hermano mío: yo también fui tentado
por los matices de oro y púrpura
de brillantes crepúsculos, incalculables veces.

Perdido en sus colores, abandonado y víctima
en la inmensidad, hace tiempo
expuse mi carroña a los tenaces buitres.

Por eso, cuando acabes de enterrar a tus muertos,
clava el corazón de los dioses
luego de doblegar sus celos con tu espada.
En nombre del sueño tan tuyo. 


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