martes, 10 de noviembre de 2015

Divertimento




Que disfrute de su eternidad, que lo disfrute.
Que se saque la camisa en los ágapes.
Que sonría un poco, sólo levemente, muy poco,
para que el rayo de la emoción
ilumine a la joven color mango
mientras pacta su belleza con el sol.

No es malo, tampoco, que juegue a la pelota
y sus hábiles saltos y cabriolas le sirvan
para despertar la lujuria, la vieja lujuria,
en su vieja (aunque aún atractiva) madrina.

No es malo, nunca es malo,
despertar la libido. El siglo veinte
ya lo había expresado: “paz y amor”.
El siglo veintiuno es aún más desinhibido.
“A mover el culo. Fornicar es salud, un acto más,
como el beso, como la masturbación”.

Desarrolla tus músculos, joven alfeñique,
y no olvides estudiar, al mismo tiempo,
sicología del rubor, el arte, el fogoso arte
de simular calentura. Te dolerá la juventud, a veces,
porque se derrama sobre sí misma, y corre
veinte años de tinieblas todavía.


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