jueves, 5 de noviembre de 2015

Dante Alighieri




Protegido tras métrica muralla,
cual cercas contra viles sitiadores
ansiosos del pillaje y los honores
que el diablo otorga a la bestial agalla;

bien guardado del pérfido sistema,
de cifras con sombríos pensamientos,
de penas y martirios y lamentos,
del dedo inquisidor y su anatema;

venciendo el paso del injusto daño,
del dolor que en el tiempo siempre emana
cualquier ostentación de empresa humana
al remover la lucidez de antaño,

te muestras, Dante, como fiel poeta,
sin trucos y sin velo solapado,
que muchos sin sonrojos han usado
para lograr la perdurable meta.

Con los brazos abiertos te acogemos,
porque vemos lo incierto del camino,
escrutando maquetas del destino,
y urdiendo para el hombre bote y remos.

Fuiste por concusión encadenado
sin Dios en las mazmorras del impío,
hasta salir huyendo donde el frío
destierro te salvó de ser quemado.

Si por desgracia se extravía el cielo,
y el odio del infierno nos intime,
intercede ante Dios: que no lastime
el alma que rehúsa usar su velo.

Que admita como propia resonancia
soberbias con que el diablo irreverente
ha aterrado por siglos a la gente.
¡Tu demonio, su cruel extravagancia!



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