miércoles, 7 de octubre de 2015

Yo, la fiera



Yo, la más intacta de las fieras,
he perdido mi finísimo olfato
y por ende la primavera;
perdido el resplandor del rayo,
ante mis ojos reverbera
sin matices mi panorama.

¡Pobre de mí!

Ya no soy el músculo fibroso
que inspira desatinos en los valles.
Ya no soy el felino salvaje,
el macho conductor de la manada.

He perdido mi estrella
en las nocturnas soledades,
con las estrellas de testigo.
Parado en las colinas,
hiendo el cielo con lúgubres aúllos,
lamento mi perdida majestad.

En el pozo del pecho
mi corazón resuena una oculta caricia,
promesa de infinita paz
sobre el mullido pasto del recuerdo.

Cansado de la vastedad
(muda la voz de los ancestros),
llego a las alimañas que con paciencia acechan.

Llego hasta el manantial casi agotado
en el último oasis del desierto.



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