viernes, 30 de octubre de 2015

Vigilia del poeta



La luz del escritorio 
abandonó su búsqueda de pájaros,
que traen en sus picos
las llaves de los cofres de las musas,
adentrada en su propia
oscuridad creada.

A un costado del porche
salió pidiendo aliento
al aire de la noche,
estirando su rico entrelazar
de músculos prensados,
al tiempo que avistaba
el último cometa de ese día.

Llegó a su dormitorio,
dejándose aturdir
por ajadas imágenes del alma
que guardaban detrás a las sublimes.

Ansiaba no soñar con tantos pájaros,
pues volando seguían
los cielos imposibles aún
a su mirada.

Porque soñar el sueño
imprime evanescencia a la mirada,
y a la vida convierte en pesadilla
a pleno día.

Abatido, lejano a las sirenas,
dejó posar sus olas
sobre la arena blanca de la cama.
Un náufrago de hembras
arañaba las sábanas vacías,
mientras ratas cobrizas
devoraban hambrientas
los restos de comida en la cocina.

Su mente requería,
antes del sueño indeseado,
razón para quedar dormido
(no quería la noche
que aquello sucediera).

Y tras vueltas y vueltas
llamó al teléfono.

Vino venciendo olores y riendo.

La bella mariposa de la noche
se apoderó de su albedrío
y se fueron volando hasta la luz del día.

El poema llegó de la mañana.



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