lunes, 12 de octubre de 2015

Solipsismo




No te me escondas.
Enséñame tu rostro tal cual soy.
No esgrimas métricas razones
para cambiarme el verso subyacente.

No intentes huir hacia mi hastío.
Escucha mis metáforas, te mantendrá
en amable sopor hasta la noche:
“Forjo las lluvias para mi desierto”,
“Los vocablos son gotas de bonanza
que convierten el páramo en enorme marjal
donde lucen sus cuellos las flores del poema”,
“Los escasos arbustos son postas de las aves
donde bajan y cuelgan sus cadáveres de la sed”.

Así, Yomismo, son las cosas:
cuando iluminas con tus rayos creadores,
las palabras esculpen tu misterio en mi sueño,
y en el espejo de tu rostro soy feliz.



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