sábado, 3 de octubre de 2015

Luego de finalizar un poema




Arañado calígines cristales
de íntimos edenes,
pretendido los labios dulces de la diosa
cautiva del amor humano,

exhausto de la altura,
te avienes a la voz atávica del polvo.

Irrealizar el sueño,
oponerte a la luz que ciega, y renunciar
al néctar de su cáliz prometido,
a tantas nubes como capas de cebolla
tengan su corazón baldío,

finalizar el vuelo
en los mercados y prostíbulos,
en sórdidas callejas del bajo y alto mundo,
y en tertulias ociosas . . .

son las pinzas que arrancan
los emplastos de imágenes
cubriendo la epidermis del instinto.


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