lunes, 19 de octubre de 2015

Las alas de la mariposa muerta




Ayer estuve debajo de la brisa
vejándome la abulia,
y me nació un baipás de meta a realidad;
aderezando un pollo sin ganas de comer,
me enmudecí los versos muy chillones,
y el mundo se venía abajo acompañándome.

Entre ayer y hoy
no tuve tiempo de caerme más hondo.

Y en la hondura rescato,
de aquel museo entomológico,
una mariposa ensartada por un alfiler,
con su inmortal belleza.
Sus alas palpitaban tras el vidrio
ante el leve soplido de la espiración.

Decido, entonces, no rendirme y escalar
el lado más escarpado del día
sin detenerme hasta la cumbre,
para lanzarme al vacío,
para volar.

Para volar con las frágiles alas
de aquella mariposa muerta.


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