lunes, 5 de octubre de 2015

La lluvia en el frío de la tarde




En la memoria guardo el frío de la tarde,
junto a las tardes frías que bostezan lejanas,
en este abismo del otoño,
cerca al aroma de la lluvia
que promete su oculta trasnochada.  

Miro el vacío. No se ven pájaros
cruzar la lluvia en la ventana.
Se han marchado a vivir la luz
en las edades ígneas del recuerdo,
en otras lluvias de empaparse en ocio,
en bulla y algazara.

Las leyes de estas horas castigan con olvidos,
con angustia y nada de esperanza,
con nubes negras y cadáveres de brisas,
con sus casas sin párpados y puertas sin gargantas,
con un dolor de látigos que llegan
de los antiguos éxtasis,
con la pasión odiando su hojarasca.

Me voy hacia el espanto de un invernadero,
hacia el metano,
llevándome las ropas del alambre,
mis mujeres con máscaras y los nombres que tuve.

Jamás volveré a casa.
Ellos cedieron a otro espectro
mi lugar en la mesa,
ya no estiman mi soledad ni mi palabra,
y admitieron callados
la invasión de malezas al jardín.

Esta lluvia no para.

No hay comentarios: