lunes, 12 de octubre de 2015

La casa en el amanecer




Generalmente me despierto
a eso de las cinco de la mañana,
y a esas horas la casa se encuentra silenciosa.
Silencio de seres humanos.

Voces de pájaros, de grillos trasnochados,
de alguna herrumbre del eje de la tierra,
de algún fantasma, amigo de mi padre muerto,
de una guitarra que sonó en la mente,
y más aves chillando allá a lo lejos, 
sí, en abundancia.

Miro tras el cristal y veo amanecer.
El cielo se llena de agujas plateadas,
de rutas migratorias, de un trayecto
por donde debe descollar el sol.

La vida sigue dormitando
en las sillas vacías.


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