martes, 13 de octubre de 2015

Escrúpulo



Hoy no vengo a escribir tu sueño,
animal rústico civilizado, lleno de imperfecciones,
de todos los tropiezos de un pobre amar lo oscuro,
y ya no lanzaré tristezas impuras del pasado
donde el tedio incurable había hecho su noche.

Hoy no vengo a borrar tus tormentos con mis tormentas
ni a ofrecerte baños termales para tu estro postrado,
ni a señalarte la banqueta de los ahorcados,
ni a enseñarte la forma de percibir la nada.

Porque tu sueño, con su dignidad erigida,
con su fecundidad que te ha marcado los caminos,
con el terror de perecer sobre la génesis,
tiene la voluntad que huye del hábito.


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