martes, 27 de octubre de 2015

La alcoba sagrada





Amo el domingo de tu cuerpo dormido
en la mañana silenciosa;
y más allá de las persianas,
sigo el piar de los pájaros frenéticos,
alejados sonidos rumorosos
de la vida en la calle.
Tendida en el desorden de las sábanas,
bajo la atmósfera sagrada de los templos,
como diosa desnuda en placidez,
abrazas la almohada.

Rodeo las planicies de tus muslos
mientras, en la penumbra,
se enciende una diosa en tu piel.

De puntillas, recojo el libro y salgo
con el enorme alivio
de haber vencido los obstáculos
en la profanación.




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