viernes, 9 de octubre de 2015

El vuelo cotidiano hacia la mala suerte




De un tiempo a esta parte
nutrimos la codicia del abismo,
aunque la música perdura todavía
gracias a nuestra buena partitura.

El día sigue descubriéndose a los pájaros,
y en sus alas propone aquel cobijo artero
que habrá de sentenciarnos
en la mudez concreta.

Ella es la herida en sangre,
la puerta abierta a la agonía,
la carne triste,
la crónica siniestra del espejo.

Mientras sentimos las canciones últimas
y en el muelle el adiós de los pañuelos,
la boca de la nada es reclamo incansable,
es el beso de Judas del destino.

Surcamos en el tiempo hacia la mala suerte.


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