sábado, 3 de octubre de 2015

Efímeras coronas




Tras acoso de meses en disputa,
sobre la tierra húmeda de horrores
y la sangre del bárbaro guerrero,
el soberbio señor feudal disfruta,
entre los ebrios gritos vencedores,
con dulce vino y carne de cordero.
En el trono del castillo, alborozado,
besa la gloria del reino conquistado.

La última batalla, encarnizada,
ciega en odio ancestral y en ciega ira,
fue grande en impiedad y desatino.
La valquiria de risa congelada,
espera con paciencia al que suspira
envuelto ya en los brazos del destino.
Los otros que escaparon de la muerte
esperan maniatados otra suerte.

Inmersos en orgiásticos festejos,
resuenan las canciones, los bullicios
y danzas de frenéticas mujeres.
Retirados, los niños y los viejos,
aplauden los desbordes y los vicios
mientras, Odín, impúdico requiere
las hembras de los enemigos ciervos,
cadáveres al hambre de los cuervos.

Abatidos los cuerpos, y agotado
por la orgía y el sueño ya cumplido,
mira el señor feudal en tanto dice:
"tras lucha cruel hemos triunfado,
aunque pronto caerán en el olvido
la fama y gloria que mi Dios bendice.
¿En cuánto tiempo algún otro señor
vendrá a hurtarme el cetro triunfador?"



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