viernes, 23 de octubre de 2015

Brecha




Obstinado el demonio que forzaba
de la canción el detestable acento,
languidecía el peregrino aliento
cuando en la noche el son se revelaba.

Advertidos los dioses de la traba
y la ruindad que urdía el desaliento,
con la celeste luz del sentimiento
y lírica emoción sonó tu aldaba.

¡Mira sus rostros al abrir la puerta!
Están conformes con la antigua llaga
de los pulsos punzantes del destino.

Si la muerte no trunca tu camino,
liberarán de tu pasión la daga,
y de tu verso la armonía yerta.


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