sábado, 10 de octubre de 2015

Barrabás




En la taberna, en soledad juiciosa,
luego de estremecerse ante el terror
de ver su vida frente al estertor
ciego que reclamaba eterna losa,

revive los detalles donde, impío,
el pueblo repetía: ¡muerte!, ¡muerte!;
y disfruta la estrella de su suerte,
fruto de la balanza del gentío.

Mientras cruza el Mesías, condenado
por el odio, en la cruz y el ajetreo,
discurre Barrabás del Dios hebreo:

“Triste mártir que muere sin pecado.
Que perdonen su vida yo querría,
¡aunque jamás a costa de la mía!”


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