miércoles, 21 de octubre de 2015

Ante nuestras muertes




Has querido encontrar, sobre bíblicas hojas
de la parra, un lugar eterno; en el envés, a veces,
agazapado de la luz del sol; y en el anverso, otras,
extendido a tus anchas al chorro de la luna.

Pero también la parra precisa macerar sus uvas
y precisa morirse toda ella,
desbrotando sus sueños en verdes cada vez más pálidos.

Desde hace tiempo contemplas cómo la sombra
de tu grito se alarga penetrando los vacíos del hombre,
las grietas de la dicha de vivir
escamándonos con sus costras de suicidio.

Por suerte, abriste un tajo en el futuro
para sangrar a su debido tiempo, con tu piel
lacerada por látigos del devenir.

Del mayúsculo miedo ante la muerte
has urdido la seda del gusano,
para cubrirte la agonía que ni tú ni yo
podremos sortear.


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