sábado, 24 de octubre de 2015

El dios de la tempestad




 Oscuridad reclama el vasto cielo
sobre la tarde soleada y pura;
su ronca voz entre la nube oscura
desamarra los rayos sin recelo.

La brisa se convierte en vil flagelo,
y colérica ataca la espesura;
dóciles troncos doblan su estatura,
y hojas sueltas abruman aire y suelo.

Ante el furor que sin cesar acrece,
entre silencios cuya calma aterra,
en mi mente la imagen reaparece:

“un dios inspira cual antiguo vate,
en los ocultos tiempos de la tierra,
la devota plegaria del primate”.


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