martes, 27 de octubre de 2015

Ante la adversidad





No te ataña que el mundo se requiebre,
abatida su débil estructura;
no te hiera que mude sueño en fiebre
mientras crea su propia sepultura.

Tu Yo busca hostigar la invicta muerte
con plenitud, con ritmo laborioso,
pues menosprecia la virtud inerte,
el sueño en un destino gris y ocioso.

No se rinde a la tirria miserable,
y acepta la batalla furibunda
en lucha de David con tu albedrío.

Le basta su energía inagotable:
gloriosa fuerza que tu ser inunda
como el heráclito caudal del río.

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