sábado, 17 de octubre de 2015

Desde el cuarto contiguo


Claro vacío: 
nuevamente del otro lado de la pared.
Vigilia en la larga noche inhospitalaria,
horas donde mi corazón 
ya no se habituará
a helarse esperando tu ardor 
que me reclama.

¿Por que, sin embargo, cuando medito,
el miedo de tenerte me estremece,
ese miedo a tus solas alegrías,
ese miedo aislado de tus aves?

Eres un sueño que no puedo seguir.
Me has convertido en presa sin alarmas,
en un reo que arrastra sus cadenas
por los fríos ambientes de la casa.

Sólo duermes aquí. Ya muy distantes
se encuentran bromeando nuestras charlas;
y como espectro que llega de las sombras,
por tu puerta entreabierta, siempre
me gana en ingresar el alba.


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