jueves, 8 de octubre de 2015

Al contemplarte en tus 50 años


Al contemplar el plagio de tu risa,
tu mirada de afecto fatigado,
percibo el fruto mustio, madurado
en una infinitud de sol sin prisa.

Evoco el caminar en la cornisa
de tu ayer, donde erraba por el prado
de tus núbiles pechos, alocado
y feliz de beber aquella brisa.

¿A quién mi corazón hoy ama: a ti,
Afrodita de calmo frenesí,
o a la Venus que bulle del recuerdo?

La memoria remueve la locura
primaveral que fuiste, con la hondura
de este amor otoñal estable y cuerdo.


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