miércoles, 9 de septiembre de 2015

Yo amo la existencia


Como casi todos, yo amo la existencia;
es decir, la vida;
es decir, el enigma rebelde de la realidad,
el paisaje remoto que surge en las retinas del anciano,
el amor que apantalla las nubes del hastío,
la sabia plenitud de la locura,
la incomodidad de los límites del aprendizaje,
el aprendizaje de la incomodidad,
las preguntas del niño aturdido ante tanto misterio,
la canción de su cuna,
la lámpara que baja a las cavernas del espíritu ,
la caricia de la luz tenue de la lámpara,
la harina, el pan,
a los que comen el pan,
y a los que comen sin pan,
el asombro que nace en cada amanecer,
la risa involuntaria, espontánea de familiares y amigos,
la cuerda que ahorca y nunca mata,
el empeño donde sucumbe la insolencia,
las gotas que escriben canciones en los charcos,
las verdades punzantes, atrevidas, de nuestros jóvenes,
los silencios del alma,
la palabra que sustenta la luna
y construye el futuro con su luz encendida,
algunas tardes sencillas y sagradas como campanas de barrio,
la memoria que retiene ciertas carcajadas para siempre,
las ciudades sin consulados, sin bombas nucleares;
y ante todo el cristal de espíritu de los honestos,
a través del cual, en el planeta corrupto que habitamos,
se concibe todavía el país insumiso, revoltoso, insurrecto,
que exalte a sus héroes,
castigue a sus hipócritas
y perdone a sus muertos.


No hay comentarios: