miércoles, 9 de septiembre de 2015

Una vuelta por mi hastío



Cada vez que salgo a dar una vuelta por mi hastío,
suena en mi pecho una flauta antigua
de sonidos apagados que rondan el silencio,
de costura de mis labios por demonios sin trazas,
de melancolía hermafrodita que se fecunda a sí misma.

No tengo ojos para sostener su mirada,
no tengo cansancio suficiente
ni hambre suficiente
ni angustia suficiente para pedir albergue al corazón
que me tiende amablemente su tristeza.

Por suerte existen los paseos donde nadie puede encubrir el firmamento,
el aire se estaciona y se emociona, se vuelve piedra inmemorial,
mientras los pájaros siguen pasando uno a uno
como cachorros propiciamente destetados.

Y permiten volver sobre las espaldas dormidas de la tarde
para auscultar las entusiastas mariposas recogidas.

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