martes, 22 de septiembre de 2015

Tarde de risa




Mi risa hoy desea 
salirse de las calles asfaltadas,
rodar kilómetros 
hasta el silencio de una gran pradera
en postre instancia, 
hasta el más hostil páramo del mundo
resistiendo el gruñido de los depredadores,
el banquete de las inmundas alimañas.
 
La tarde tiene 
esa inmensidad de los buses atestados;
los pájaros, el color del cemento.
La lluvia sólo sacia 
la sed de las alcantarillas,
los párpados de los transeúntes caen de metal
y el ruido de motores ya no es asombro.

Mi esperanza es un taxi de colores
que se nutre de urgencias,
no tengo pizca de hambre, ni ganas de beber, 
ni necesidad de dormir.
La abstinencia,
la vigilia,
son formas de gozar el cansancio del cuerpo
para echarme a la noche sin fastidios 
en cualquier callejón.

Esta tarde mi risa tiene ruedas.


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