viernes, 18 de septiembre de 2015

Residuos de la muda tristeza




Amar y hundir las auras esenciales,
la eternidad de nuestros nobles pájaros.
Veo todo un abismo en tu cuerpo dormido,
y siento un gran deseo de extirparme este estado.

La lista del derrumbe nos revela la ruina,
divulga ciertamente los escombros:
apuntes del hartazgo, memorias del hastío,
los sueños en galopes de insufribles.

Y descubro tu rostro tras la modorra,
guardando la rutina las hojas mustias,
las palabras de una húmeda promesa,
las islas donde afloran los múltiples naufragios.

No ubico el epicentro del desastre,
del sismo aprisionando nuestros besos,
las risas bajo añicos, ocultas madrugadas
de tristezas que ostentan su victoria.

Tu golpe me lesiona más que el mío,
no quiere sosegarse y se aferra a mi herida,
no rompe los candados de tu cuerpo
y sigue destruyendo las páginas en blanco.

El dolor es el crimen de la incuria,
cilicio y mala fe de nuestras anclas,
noche sin rumbo hacia las olas mudas,
una oración a gritos de los muelles.

Entiendo que soltaron su amarra los recuerdos
y el olvido me llueve de tus ojos,
y el mar es un desierto donde espeja
nuestro mundo sin luna ni horizonte.



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