martes, 8 de septiembre de 2015

Nietzsche





¡Oh, demonio inmortal de las alturas!
Eslabón descubierto. Visionario
que arribaste, cual brujo solidario,
para purgar las pócimas oscuras
de los hombres, su dolor milenario,
viejas hechicerías y ataduras
que impiden escalar las cumbres puras
del espíritu. ¡Gran humano almario!

Elevo en tu homenaje digna copa
y brindo fiel por tus sublimes huellas,
mientras hurgo en sus signos arduamente
-confundida razón, difusa lente-,
como marino escudriñando estrellas
con catalejo infiel desde la popa.


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