lunes, 21 de septiembre de 2015

Mi vida fue una lucha de escribirme




He consagrado mi vida en escribirme,
palidecido en la circunspección,
con mi empeño cayéndose todas las noches
en el caos del trato conmigo mismo.
Recién ahora los espectros urden mis rostros índigos.

Recién hoy, en el cuarto de trabajo de mi casa, crepitan las palabras,
como leños secos penosamente guardados en el tiempo,
 y el tesón ayuda para crear un pizarrón de letras,
iluminado por la luna a través de las grietas de mi temple.

Los retratos afónicos se van poniendo serios, colgados
como envenenadas manzanas que nadie come,
como el olor que despiden los árboles moribundos,
como si alcanzaran la momificación eterna.

Muchos recuerdos aún saldrán a saludarme en primavera,
a decirme que nunca me han olvidado en los crepúsculos,
y que la risa también existe en la humedad del abismo
con el dolor durmiendo en su costado de humus.

Se oyen todo el tiempo golpes de danzas, cabriolas del día,
golpes de derrumbes de ídolos falsos, estatuas milenarias,
y golpes de yunques donde se forjan meticulosamente
las llaves de las recónditas palabras que debo escribirme.


No hay comentarios: